#YoSoyHHS: Viajando por el mundo para luchar contra el VIH/SIDA

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Me encanta este trabajo, y quiero continuar ayudando a las personas tanto como pueda.

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Emigré a los Estados Unidos desde Brasil cuando tenía 13 años. Mi papá trabajaba para una compañía estadounidense y lo transfirieron a Washington, D.C. Mi madre dirigía un clínica de salud local y se convirtió en gerente del George Washington Hospital.

Siempre supe que quería ayudar a las personas. Primero, quise ser médico. Pero en la universidad comencé a aprender sobre el campo de la salud pública. Desde mi primera clase de biología, me sorprendí con el impacto del VIH/SIDA en la sociedad, primero desde la perspectiva científica, y luego desde el punto de vista del impacto cultural y humano en los países altamente afectados. 

Me encantaba viajar. Después de conseguir mi máster en Salud Pública, trabajé para la Organización Mundial de la Salud y me fui a Angola. Estaba fascinado con llevar asistencia a donde más se necesitaba. Las condiciones eran espantosas: el VIH/SIDA estaba en aumento y las personas luchar contra la violencia y el abuso– inclusive minas de tierra– para obtener ayuda.

Estábamos ofreciendo a las personas acceso a la salud durante una epidemia sin control de IH/SIDA, en el momento en que el estigma era realmente alto y las personas no confiaban en nadie. Nunca olvidaré la lucha de los angoleños.

Trabajé en Afganistán durante algunos años, primero en un proyecto de planificación familiar y más tarde dirigiendo un proyecto de investigación sobre el acceso a la atención médica privada. Aprendí luego de varios bombardeos en los que escapé por muy poco, que había límites para lo que yo podía hacer en un entorno inseguro. Las presiones por mi seguridad se convirtieron en una carga y una barrera para realizar el trabajo en las comunidades que más lo necesitaban. 

En 2008, me alegró volver a reunirme con mi esposa y volver a casa a Washington, D.C para sentar base en la oficina global de Recursos para la Salud y Administración de Servicios en el HHS.

Comencé a trabajar en el PEPFAR, el Plan de Emergencia para la Mitigación del SIDA del Presidente, y he trabajado en este programa desde entonces. PEPFAR significa dar lo mejor que el gobierno tiene para ofrecer, al contar con diferentes agencias trabajando juntas para ayudar a los países más afectados por el brote de VIH/SIDA. Muchos de estos lugares tienen poquísimos recursos para enfrentar una epidemia.

Con HRSA, participé de una misión para ayudar a las personas a obtener acceso al tratamiento del VIH en Sudáfrica, Uganda, Nigeria, Tanzania y Botsuana. Trabajé con las poblaciones más vulnerables, incluyendo a personas transgénero, hombres que tienen sexo con hombres y trabajadores sexuales.

Hubo un pequeño desvío en 2011, cuando renuncié para que mi familia pudiera mudarse a Nicaragua donde la USAID había asignado a mi esposa. Allí, continué mi trabajo con el PEPFAR para el Departamento de Defensa, trabajando con el ejército local. Luego nos enviaron a Guatemala, donde fui coordinador del PEPFAR regional para América Central. Allí trabajé con siete países para apoyar a las poblaciones más vulnerables afectadas por el VIH/SIDA.  Cuando finalmente regresamos a los EE. UU. en 2016, volví al HRSA a la oficina de VIH/SIDA y continué trabajando en el programa PEPFAR.

Siempre estoy aprendiendo de cada misión que tengo, en el campo y en la sede central. Y he aprendido mucho sobre cómo funciona el PEPFAR.

El PEPFAR tiene un impacto muy grande, ya que llega hasta donde más se necesita, colaborando con los países huéspedes y compartiendo mejores prácticas. El HRSA trata de la misma manera a sus socios esenciales a nivel nacional y a aquellos a nivel internacional. La misión del HRSA es mejorar la salud de los estadounidenses, y tiene el mismo énfasis a nivel nacional que el PEPFAR tiene internacionalmente, trabajando con las poblaciones vulnerables, la salud rural, los bajos ingresos y la necesidades de construir una fuerza laboral e infraestructura de salud. 

Siempre que me siento frustrado a causa del trabajo, recuerdo que las personas que viven con VIH tienen que luchar todos los días con el estigma y la discriminación que sufren, e incluso con la violencia y el abuso.  Siempre pongo las cosas en perspectiva y eso me da fuerzas para seguir adelante. Me encanta este trabajo, y quiero continuar ayudando a las personas tanto como pueda.

Soy Rodrigo Boccanera, trabajador de salud mundial y oficial del programa HRSA. Y yo soy HHS.

Rodrigo es una de las 79,000 personas que hacen que el HHS funcione todos los días. Puede compartir su historia y ver otras en Twitter y Facebook con el hashtag #IAmHHS.

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HIV/AIDS | #IAmHHS | HRSA

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